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El proyecto que busca tejer la ciudad de Bogotá

Escrito por Stephan Hosie Echeverri | Sep 4, 2026, 11:50:13 AM

El metro de Bogotá es un claro esfuerzo por parte del distrito por generar proyectos urbanos que consoliden el tejido de la ciudad como uno solo. En décadas pasadas, el tipo de obras públicas que se habían desarrollado en la ciudad eran una especie de urbanismo táctico, que trataba de solucionar rápidamente problemas puntuales de los sectores disgregados, pero que no generaban nuevos espacios y dinámicas.

Reparar vías, deprimidos y rotondas, puentes peatonales y el ensanche de vías principales, aunque son intervenciones importantes que no pueden dejar de ocurrir, no llegan a solucionar el verdadero problema de Bogota: el de ser una ciudad fragmentada.

Debido a esto, creo que el tipo de Intervenciones urbanas que Bogotá necesita deberían tener como objetivo, no sólo arreglar pequeños parches de la ciudad, sino “coser” los diferentes sectores de la ciudad, y generar espacios que pongan en diálogo a las comunidades entre sí y con su entorno natural y urbano (tanto inmediato, como lejano).

El desafío de unir a una ciudad fragmentada

Por la forma en que Bogotá creció y se consolidó a lo largo de la segunda mitad del siglo XX (y por la muy marcada influencia americana en el tipo de urbanismo que ha planteado hasta el momento), se ha pecado de más en intervenciones que han llevado a que se divida y se fragmente el tejido urbano, que para el ciudadano promedio, se vuelve muy difícil de transitar.

Nos hemos tenido que acostumbrar a movernos por corredores específicos, que comunican en sentidos únicos y con destinos claros; el moverse libremente de un lado a otro, implica a veces trayectos que nos fuerzan a rodear y/o buscar conexiones absurdas con trasbordos eternos para llegar a sitios no muy lejanos de donde partimos.

Las grandes vías como lo son la 26, la Autopista Norte, la Av. Boyacá, entre muchas otras, son verdaderas barreras urbanas, que dividen la ciudad en porciones y secciones donde las diferentes actividades y comunidades se ven obligadas a volcarse hacia el interior y aislarse de su entorno.

El metro, de modo opuesto, logra tejer innumerables fragmentos de la ciudad, desde la periferia en Soacha y Kennedy, hasta el centro expandido sobre la Calle 100 y la Av. 72, generando posibilidades de acceso e intercambio entre las diferentes comunidades que habitan en estos sectores tan disgregados entre sí.

Un desplazamiento que antes podía llegar a durar unas 2 o 3 horas, será una vez entre en funcionamiento el metro, de aproximadamente media hora. Y no es un secreto para nadie que la calidad de vida en estos sectores aumentará drásticamente.

El metro como motor de transformación urbana

Lo verdaderamente importante de este proyecto, en términos urbanos, es que logra generar un viaducto de movilidad masiva y a la vez, propone espacio público que conecta a las comunidades, sin generar una barrera física en el tejido de la ciudad.

Es un proyecto con un enfoque netamente social, donde la posibilidad de movilidad desde estas localidades es una oportunidad que abre puertas y mejora la calidad de vida de miles de personas que históricamente han estado segregadas de los sectores con actividad económica, social y cultural, permitiéndoles hacer parte del tejido urbano que conforma Bogotá como un todo.

Ya no seremos más gente de Soacha, o Kennedy, o el Norte o Chapinero. El metro nos da una oportunidad de sentirnos todos orgullosos de ser Bogotanos. Por ello, creo que con el proyecto del metro ⏤no sólo con esta primera línea, sino también con las etapas venideras⏤ se marca un antes y un después en la propuesta de diseño y planeación urbana que el distrito está generando.

Y espero que estos proyectos que por ahora se han concentrado en desarrollar una infraestructura de movilidad completa y robusta para la ciudad, sean la oportunidad para plantear otro tipo de intervenciones mucho más enfocadas al mejoramiento del espacio público a lo largo de estos viaductos.

Una mirada personal

En lo personal creo que es un proyecto hermoso, con un claro estilo brutalista, que deja una imagen impresa sobre el trazado de la ciudad, con cierto aire distópico, que me hace sentir dentro de una película de ciencia ficción.

Me he parado varias veces sobre la calle 53, mirando hacia los cerros, para admirar (con una cierta sensación de asombro por lo absurdo) cómo se extiende la viga de forma horizontal y en sentido perpendicular a los edificios, algo que en esta ciudad no estamos acostumbrados a ver. He podido ver que hacia la calle 39 está localizada la formaleta para las pilonas que están fundiendo en este momento ahí.

El puente que resuelve el tramo sobre la Av. 26 es una pieza de ingeniería sorprendente, y con una elegancia en su geometría y diseño, que realmente me emocionan. Y tengo unas ganas infinitas de algún día ir y ver la obra del patio taller, sentarme desde una esquina, con un tinto y una empanada y simplemente ver el tamaño de aquel sitio.

Admiro profundamente el proyecto por sus hazañas en cuanto a la ejecución de las obras y por la escala tan impactante que tiene. Me he montado varias veces en transmilenio sólo por el puro placer de poder ver desde la ventana del bus las pilonas pasar, y ver que los demás pasajeros también miran con ansias y un cierto brillo en los ojos, la línea de concreto que sigue y sigue y sigue.